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| Postal remitida a Escocia desde las islas Juan Fernández por Robinson Crusoe |
Recibe tanto tú como tu hermano un fuerte abrazo
Oltremare, Ludovico Einaudi.
Cuaderno sepia (septiembre 2011- marzo 2013)
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| Postal remitida a Escocia desde las islas Juan Fernández por Robinson Crusoe |
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| Sopesando la madurez del membrillo |
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| Caballero de la Orden de la Encina |
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| Self (1991) © Marc Quinn Retrato de la serie realizada sobre su propia sangre congelada |
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| Cisnes nadando en el lago de Qinghai. Foto: Han Yuqing/Corbis |
| Encinar de Ollakarizketa |
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| Het paradijs (ca. 1615), Jan Brueghel de Oude Städel Museum, Frankfurt am Main |
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| Ex libris por Frank Ritter |
| Alice McMurrough, Stultifera Navis |
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| J. Constable, Study of the trunk of an elm tree (c. 1821) Victoria & Albert Museum, London |
Las aventuras americanas del europeo inquieto fueron desencadenando, desde su primera llegada allá por el siglo XVI, una larga serie de tragedias, particularmente entre la población nativa. Sin embargo, no se podría completar el relato aventurero sin hacer mención a la larga lista de comediantes que revestidos de conquistadores, colonos y predicadores o como simples buscones menudearon por aquellas tierras. Cada uno de estos intérpretes del oportunismo parece sacado del troquel de su época, unas veces como pícaro, otras como intrigante y casi siempre como ventajista. Su papel va ganando primer plano, y convirtiéndose en histriónico protagonista, a medida que el antiguo régimen recula en Europa ante la revolución francesa. Es curioso que al vendaval emancipador de las colonias, inspirado por esos ideales republicanos, le suceda a mediados del XIX, y en paralelo a lo sucedido en Europa, una reacción monárquica que tiene por aquí tintes cómicos. En los escenarios más importantes del viejo cuento colonial vemos a monarcas americanos apadrinados directamente desde Europa. Con ínfulas imperiales patrocinan un retorno del viejo estilo absolutista, remozado para la ocasión con los colores locales, en un intento de ganarse la colaboración de los indígenas frente a los liberales criollos. Aunque menos conocido, ese mismo chirriante implante monárquico alcanza en un país más apartado y discreto niveles estrambóticos, completando una cómica viñeta de lo que seriamente habría que calificar de historieta.